No siempre es fácil dejar un lugar donde estamos bien con tanta libertad como Jesús. Especialmente si es un lugar donde nos sentimos acogidos por los demás, donde experimentamos un cierto éxito, donde se nos quiere. No es fácil guardar la distancia y seguir con la misión diciendo NO a las ataduras humanas. Quizás en estos momentos necesitamos tener nuestro "lugar solitario", pasar una y otra vez por la experiencia del desierto y de las tentaciones, guardar esas experiencias en la memoria del corazón para mantenernos libres en misión, para llegar donde Dios necesita que lleguemos, a pesar de lo que nos guste o no.
Lc 4, 38-44
ALEKSANDRA NAWROCKA

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