A nadie nos gusta escuchar las críticas. Vengan de donde vengan, no son nada agradable. Y cuánto más duras y más verdaderas, menos agradable aún. Y lo hacemos tan personal que si incluso no estamos de acuerdo con la crítica hecha (que con las críticas también hay que ser critico), la primera reacción no es responder a la crítica, dialogar, aclarar, pero romper la relación con la persona que se atrevió a decir que algo no está bien. ¡Cuántas amistades rotas porque nos negamos a hablar de lo que no funciona...! ¡Cuánta vida malgastada porque no queremos admitir errores, no queremos cambiar, no queremos tomar responsabilidad por nosotros y por lo que se nos confío...!
Mc 12, 1-12
Aleksandra Nawrocka

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