No queremos morir. Hacemos todo lo que está en nuestras manos para mantenernos con vida. La comida sana, la bebida adecuada, el ejercicio fisico, los médicos... incluso el suicidio no brota del deseo de morir sino de querer hacerlo todo para que haya un cambio, para que haya vida, y la haya verdadera. Pero, a pesar de todos nuestros esfuerzos, todos vamos a morir. Al menos nuestros cuerpos. Jesús no nos promete una vida eterna, él simplemente dice cómo es la realidad. Que quien le come a él, vivirá para siempre. ¿Qué significa ese comer? Es entrar en la Alianza con él. Jesús es el Cordero Pascual que los Israelitas comieron en la terrible noche de salida de Egipto. Comer este Cordero significa entrar en el camino de éxodo que lleva a la tierra prometida, a la libertad, pero es un camino de muerte, de hambre, de sed, de prueba. Libertad no es un camino de rosas. La vida eterna no es no camino fácil. Habrá muchas dificultades, pruebas, hambre, sed, muerte. Este es el precio de la vida.
Jn 6, 51-58
Aleksandra Nawrocka

Comentarios
Publicar un comentario