Hay personas que con su hablar tocan nuestro corazón. Sus palabras, el timbre de voz, el movimiento de labios... nos hacen vibrar porque tocan algún lugar especial en nuestra alma. Porque de alguna manera nos reconocemos en sus palabras, nos sentimos acogidos y abrazados en su voz, nos vemos reflejados en su expresión. Cuando leo el Evangelio, me gusta imaginarme a Jesús diciendo esas palabras que leo, y siento en mi interior una ola de ternura. Incluso cuando sus palabras son duras, no deja de ser él a quien amo y quiero escuchar. Y ya sé que en la vida espiritual "los gustos" no lo son todo. Pero en medio de la amargura de la vida, un poco de miel por el gusto de escuchar la Palabra de Jesús no hace daño.
Marcos 12, 35-37
Aleksandra Nawrocka

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