No es fácil cambiar el sistema. Cuando el sistema funcionó por mucho tiempo, los roles son ya establecidos, los puestos fijos, las relaciones claras. Cambiar un elemento lo desorganizaría todo. Por eso es difícil acoger a una persona que cambió, que creció, que ya no encaja porque eso trae necesidad de nuevos ajustes para todos los demás. Y la verdad es que preferimos quedarnos donde estamos sin tener que cambiar. Realmente, uno que cambia no es bienvenido en su sistema. Se le rechaza diciendo que qué puede saber éste que es un don-no-se-quien. Mejor sacrificar a uno que tener que cambiarlo todo. Incluso cuando el sistema es injusto y opresor, al menos sabemos quién es quién. Quizás por eso, aún después de dos mil años, el Evangelio no logró cambiar mucho...
Jn 10,11-18
Aleksandra Nawrocka

Comentarios
Publicar un comentario