La vida nueva se gesta en la oscuridad y amanece en medio de dolor. Y nada duele tanto como darse a luz a uno mismo porque significa pasar por la experiencia de muerte. En niñez aprendemos cómo vivir pero este aprendizaje en un momento dado deja de ser útil. Hay que desaprender y aprender de nuevo. Hay que morir y nacer. La vida cristiana es una vida en constante parto, y así somos nosotros. Si no nacemos como nuevos, si no nos damos a luz de nuevo, permanecemos en la oscuridad, dolor, estrechez. Y nunca experimentamos la alegría de ver la maravilla de la vida que nace.
Jn 16, 20-23
Aleksandra Nawrocka

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