Tristeza es una emoción difícil. No sabemos vivirla, no nos gusta verla en otras personas, especialmente las más cercanas. Intentamos hacer lo que sea con tal de que desaparezca. Tristeza habla de pérdida, desilusión, fracaso, frustración. Y ya casi al final de la Pascua, los corazones de los discípulos se llenan de tristeza otra vez. Tanta alegría de volver a tener a Jesús vivo entre nosotros, y ahora otra vez nos quedamos sin él. Es un volver una y otra vez a la tumba vacía, llorar porque no sabemos dónde está, y volver a descubrirlo en otras personas y cosas de la vida. Aunque esta vez es distinto. Hoy quiero experimentar esta tristeza a fondo, en toda su profundidad. Porque ya nada va a ser igual.
Jn 16, 5-11
Aleksandra Nawrocka

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