NADA MÁS HUMANO QUE LA RELACIÓN CON DIOS

Es una dicha encontrar en la vida el amor del que uno se puede fiar totalmente. Que aunque haya chicas más guapas, y chicos más graciosos, uno puede estar seguro que su pareja no lo va a dejar. "Mi amor es mío y yo soy suya". Así es nuestra relación con Jesús. Somos suyos. Nada nos puede separar de él. Nada le puede separar de nosotros. Nos pertenecemos mutuamente. Él nos lleva tatuados en la palma de sus manos, nosotros lo llevamos como el sello en nuestra alma. Como los candados con llaves perdidas que nadie puede abrir. Nadie. En una relación así, sin embargo, nada se da por cierto. Hay confianza pero también hay esfuerzo de volver a enamorarnos cada día de nuevo. Hay noches de conversaciones profundas, hay miradas que llegan al alma, hay sonrisas cómplices. Hay también peleas apasionadas y besos de reconciliación. Y hay días de aburrimiento y de estar hasta el moño con las manías del otro, no nos engañemos. Nada más humano que la relación con Dios. Porque Dios nos atrae con lazos humanos, los lazos del amor. Somos suyos.

Juan 10, 22-30

Aleksandra Nawrocka

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