Las tinieblas resultan confortables y comfortantes cuando uno ya se acostumbra a ellas. Al principio da un poco de cosa lo de no ver con claridad pero luego nos hacemos a ello e incluso llegamos a gustarlo. Porque allí podemos esconder lo que no queremos ver. Tanto que en momentos de intimidad apagamos la luz para encubrir las imperfecciones que no asumimos. Como Adán y Eva que de repente sintieron vergüenza. Porque al ir en contra de Dios perdieron una cosa importante: la confianza, tanto el uno en el otro como en Dios. Cuando no confiamos en los demás, escondemos de ellos nuestros lados oscuros. Cuando no confiamos en Dios, escogemos vivir en tinieblas. Por eso tiene que venir Dios al mundo con todo su amor para al menos intentar convencernos que es nuestro amigo y no un enemigo a la puerta. Que sólo por alguien que nos muestre su amor incondicional somos capaces de dejar la comodidad y comfort de las tinieblas.
Juan 3, 16-21
Aleksandra Nawrocka

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