Jesús con facilidad multiplicó la comida para que nadie se quedara con hambre. ¿Por qué no lo hace hoy? ¿Por qué no lo hace para tantos niños y adultos que cada día mueren de hambre y sed? Mi repuesta a mí misma es: ¿Es realmente su culpa que se mueren? ¿No es acaso culpa de los que echamos a perder tanta comida sin saberla compartir y guardar para que los restos no se pierdan? ¿No es caso culpa de los que nos quedamos con tanto en nuestras neveras de última tecnología que no lo llegamos a consumir mientras que a los "últimos en fila" no les llegan ni las migajas? Jesús nos enseña hoy cómo hacer para que haya comida para todos: orar, bendecir, repartir entre todos, recoger. Sin un sistema injusto por en medio que beneficie sólo a unos pocos. No le echemos la culpa por algo que depende de nosotros.
Juan 6, 1-15
Aleksandra Nawrocka

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