"Creer en el que Dios ha enviado"... ¡Se dice pronto! Estamos acostumbrados a ofrecer a Dios nuestro trabajo, nuestras obras, cosas que hacemos supuestamente por él. Los grandes proyectos misioneros y obras de caridad, los éxitos de predicación, la "conversión" de pueblos enteros... Nos olvidamos, sin embargo, de darle la raíz, darle nuestra confianza, nuestra fe en él. Es más fácil dar lo externo, mucho más difícil darse uno mismo. Porque creer justo significa esto: confiar todo nuestro ser en las manos de otra persona. Esto requiere mucha confianza y valentía y en verdad muy pocos lo tenemos. Y tampoco muchos nos atrevemos a buscar a Dios por él sólo, no por el pan que sacia o por la calma en la tempestad. Nos quedamos en la superficie de la vida. Y la vida verdadera está mucho más adentro.
Juan 6, 22-29
Aleksandra Nawrocka

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