La mayoría de veces hablamos de lo mucho que Jesús sufrió por nosotros. Pocas veces de lo muy feliz que fue en su vida. Él fue el primer bienaventurado: pobre, manso, misericordioso, llorando, de limpio corazón, constructor de la paz, con hambre de justicia y perseguido por su causa. Jesús no habla de una hipotética felicidad. Él nos comparte su secreto personal de ser feliz. Que la felicidad no es falta de problemas y dificultades. La felicidad es saber que entre las problemas y dificultades anda Dios y su Reino.
Mateo 5,1-12
Aleksandra Nawrocka

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