De joven tenía a mi primo favorito. Cada verano cuando iba a su casa a ayudar en el campo, hacíamos nuestras sesiones nocturnas que consistían en él explicándome el cómo funcionaban las cosas (un tractor, por ejemplo) y yo escuchando con sumo interés como si fuera lo más apasionante que pueda haber en el mundo. Recuerdo el deseo tan ardiente que tenía que esas horas no pasaran tan de prisa. En el Evangelio de hoy encuentro una imagen de ese deseo. Jesús explica a los dos discípulos el cómo en realidad fue lo de su vida y muerte y ellos no quieren dejarlo marchar. !Qué pocas veces escuchamos así a Jesús! Nos acostumbramos a conversar con otras personas de noticias, en cualquier caso que sea la tele o el Internet el que nos explique la realidad. Pero sólo la Palabra que viene de Jesús lo explica todo de tal manera que nuestro corazón arde, que deseamos quedarnos con él, que nuestra fe vuelve a encenderse, que nuestro desánimo desaparece. !Qué pocas veces dejamos a Dios hablarnos así...!
Lucas 24, 13-35
Aleksandra Nawrocka

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