EL HAMBRE DE "ESTÓMAGO VACÍO"

Hay dos maneras de hacer teología, de buscar a Dios, de tener hambre. La primera la llamo "hambre de estómago lleno", de eso que te apetece comer algo porque te aburres, abres la nevera llena con comida pero no encuentras nada que te satisfaga entonces vas al supermercado de al lado y compras lo que te guste. Así buscamos a Dios los que lo tenemos todo. Nos apetece "un no sé qué ", abrimos el amplio abanico de la oferta espiritual y religiosa, nos dedicamos un rato a lo uno o a lo otro que esté actualmente de moda, y si no encontramos nada incluso nos creamos nuestra propia "religión" a nuestra medida dispuestos a dejarla cuando aparezca algo más atrayente. Hay también un "hambre del estómago vacío" y la sientes los que no tienen el acceso a la nevera llena, tanto en el sentido material como figurativo. Las personas que viven cada día en riesgo de muerte, las que no sientes a diario el calor del otro ser humano, las que tienen negado el acceso al Dios de la religión oficial. Viven con el hambre que sólo encuentro con Dios vivo en espíritu y verdad puede saciar. Realmente son benditos los que tienen hambre así. Porque es la misma hambre que tiene Dios de nosotros. Él no desea encontrarnos porque esté aburrido allá en lo alto del cielo sino porque sólo encontrarnos en verdad y en espíritu sacia su Corazón. ¡Cuánto me gustaría tener hambre así...!

Marcos 16, 15-20

Aleksandra Nawrocka

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