}Los gritos de los pobres molestan. Perturban la paz pública, llaman demasiado la atención, distraen de la vida a la que nos acostumbramos. Es mejor que se callen y sigan su existencia al borde del camino. Pero los hay que no se dejan silenciar, que gritan con más fuerza, que no permiten que les hagamos desaparecer de los espacios donde nos movemos. Quieren, como todos nosotros, ser incluidos en la marcha de la historia, quieren ser parte de la historia, también la historia de la salvación. Es su historia, lo mismo que lo es de los poderosos.
Aleksandra Nawrocka

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