En la formación religiosa aprendemos que la profesión de votos es un compromiso de vivir las exigencias del Evangelio con más radicalidad. Pero las exigencias son las mismas para todos, y la radicalidad del Evangelio es para ser vivida por todos. Lo mismo que el precepto de amor: amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno mismo es una exigencia para todos, no sólo para los religiosos. A veces pienso que como Iglesia delegamos en los religiosos la radicalidad para sentirnos mejor, ya que lo del Evangelio no es tan fácil pues que lo vivan los religiosos y así como Iglesia vamos tirando. Por eso de los religiosos exigimos niveles de santidad que no nos exigimos a nosotros mismos. Y quizás por eso el mundo está como está porque un grupo pequeño como somos los religiosos no puede dar ni a Dios ni al mundo todo el amor que necesitan.
Mc 12, 13-17
Aleksandra Nawrocka

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