Cuando hace años visité la casa natal de Santa Clara en Asisi, me contaron la historia de su escapada nocturna para seguir a San Francisco. En su casa había dos puertas: la principal, adornada, ancha, por la que entraban los miembros de la familia y las personas importantes, y otra, humilde, estrecha, por la que... se sacaba a los muertos. De lo normal, esta puerta estaba barricada. Clara, a media noche, tuvo que mover los muebles que obstaculizaban la salida y salir, como si fuera muerta para su familia y para el mundo, por la puerta estrecha.
Me impresionó esta historia cuando la oí. Y hoy estoy pensando que quizás la puerta estrecha es la de muerte: morir para uno vida acomodada, para la vida que otros sueñan para nosotros, para la vida que no brota de nuestras entrañas. Perder el buen nombre, perder el apoyo de la familia y de los amigos, perder todas las oportunidades que el mundo ofrece. Instalarse al lado incómodo de la vida. Y vivir. Vivir tal como Dios sueña, a todo pulmón.
Mateo 7,6.12-14
Aleksandra Nawrocka

Comentarios
Publicar un comentario