Hay situaciones en vida, hay decisiones, que demuestran perfectamente nuestras prioridades. Las personas enfermas, los últimos, los marginados... realmente no cuentan cuando en juego están las riquezas. La gente vio el milagro de Jesús, vio a los dos endemoniados curados, pero lo único que les preocupaba era el haber perdido sus puercos. Muchas veces no queremos que Jesús entre de lleno en vuestras vidas porque tenemos mucho que perder. Nuestras amistades, estilo de vida, la manera de relacionarnos con los bienes de este mundo, todo tendría que cambiar. Y hay veces que no lo queremos cambiar, y preferimos que Jesús se marche de nosotros. Quizás por eso seguimos tan lejos de su Reino aquí en la tierra aunque ya pasaron 2000 años...
Mateo 8, 28-34
Aleksandra Nawrocka

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