COMO LOBOS ENTRE LOBOS

Hay un dicho que el hombre es para otro hombre como un lobo. Somos feroces. Por proteger lo que preciamos más en la vida somos capaces de atrocidades. Cuando nos sentimos acechados, acorralados, en peligro, no miramos a nada ni a nadie. Atacamos incluso miembros de nuestra propia familia, con tal de salvarnos. Es verdad, cuando uno se decide a seguir a Jesús, a ser fiel a sus creencias, las críticas más agudas y despiadadas recibe de los que se tienen por sus hermanos, padres, hijos. Porque la pasión por ser fiel a uno mismo amenaza sus propias creencias. Pienso cuántas veces yo misma he ridiculizado lo que piensan y sienten los demás sólo porque era distinto de como lo experimentaba yo. Tengo en mí más de lobo de lo que podría pensar.

Mateo 10,16-23

Aleksandra Nawrocka

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