Hay varias razones del porqué nos pusieron el nombre que llevamos. A veces es para conmemorar un miembro de la familia que jugó un papel importante en nuestra historia. A veces porque así les gusta a los dos padres. A veces porque este nombre u otro está de moda. Muy rara vez preguntamos cuál nombre Dios quiere poner al niño o a la niña. El nombre que le ponen a Juan rompe con la tradición familiar. No es un nombre de moda, quizás tampoco le gusta a los padres. Pero le gusta a Dios porque Juan tendrá la misión de empezar algo nuevo, de ir marcando un camino nuevo que pronto romperá con lo antiguo. Hay que tener valentía para tener un nombre propio pronunciado por Dios. ¿Te atreves a tener uno tú mismo, tú misma?
Lc. 1, 57-66. 80
Aleksandra Nawrocka

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