En la vida cargamos con muchos yugos, nos sometemos a muchas personas y situaciones que nos llevan a hacer ciertas cosas o incluso a ser de una manera u otra. Hay el yugo de trabajo, de vida en familia, de vida en comunidad, del grupo de amigos etc. Y está el yugo de Jesús, supuestamente más llevadero que todos los demás. Pero sólo los sencillos, los pequeños, los humildes, los mansos son capaces de experimentarlo como más ligero. Sólo ellos son capaces de descansar debajo de este yugo. Es verdad, hay algo en la fe de las personas sencillas que le convence a uno. Que no siempre es necesario complicar las cosas, poner las barricadas de reglas y regulaciones al amor de Dios. Este amor viene gratuito y es el descanso del alma porque significa ir con Jesús mano a mano, en la misma dirección, al ritmo de su paso por la historia humana sabiendo que Dios lleva las riendas y nos guía donde tenemos que estar.

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