Cambiar no es fácil. Sobre todo porque muchas veces no queremos ver que somos nosotros los que necesitamos cambiar. Cuando Jesús habla de la conversión, nos aconseja que "cortemos nuestra mano, quitemos nuestro ojo". Cambios en nuestro ambiente pueden ayudar pero el origen del pecado está en nosotros, no en la situación externa ni en los demás. En nosotros. Es la parte más difícil del cambio: admitir que en algún punto nos equivocamos, que lo hicimos mal, que no somos perfectos, tal vez ni siquiera tan buenos como pensamos. Hoy Jesús nos invita a mirarnos a nosotros, a conocernos un poco mejor para encontrar más misericordia para con los demás. Porque él que cayó mil veces, entiende mejor las caídas de otros y se pone a ayudarles a que se levanten en vez de juzgar su caída.
Mateo 7,1-5
Aleksandra Nawrocka

Comentarios
Publicar un comentario