Hay situaciones humanamente imposibles. La muerte, la enfermedad, la pérdida, la injusticia... algo acaba y ya nada es igual. Clamamos a Dios, maldecimos la suerte, intentamos cambiarla por medio de ritos complicados, casi mágicos. Pensamos que por decir muchas palabras seremos escuchados. Y a veces soluciones son más simples. Sólo tocar, sólo tomar la mano, sólo pedir. Que donde hay amor y confianza, basta un gesto sencillo. La pregunta es si aún queda en nosotros un poco de este amor y confianza para con Dios y para con los demás. Si aún queda en nosotros algo de determinación para creer aunque humanamente sea imposible.
Mateo 9,18-26
Aleksandra Nawrocka

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