¿TENEMOS AÚN DERECHO A CONDENAR?

No me gustaría ser un apóstol. Es mucha responsabilidad. Anunciar, curar, limpiar, echar demonios, traer la paz, decidir quién la merece y quién no, decidir si condenar una ciudad o no, y todo eso sin buscar nada para sí, confiando que otros procuren su sustento. Tanto poder corrompe fácilmente. Especialmente cuando uno se queda con lo de condenar y esperar una vida fácil a costa de los demás y se olvida de hacer lo primero: anunciar y liberar. Pero la pregunta sigue rodando por mi cabeza: ¿realmente podemos condenar a alguien porque no recibe lo que decimos o hacemos? En el pasado hubo muchas personas que recibían el bautismo por el miedo de ser condenadas al infierno. Entonces la fe dejaba de ser una cuestión de libertad, una elección, un regalo, y se volvía un "tener que", una imposición. ¿Es realmente lo que quiso Jesús...? Aleksandra Nawrocka

Mateo 10,7-15

Aleksandra Nawrocka

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