Hay algo estremecedor en ver la gloria de otra persona. En raros momentos somos capaces de vislumbrar la belleza y la grandeza de los demás. Los vemos en su mejor versión, tales como son a los ojos de Dios. Los vemos como Dios los ve, como sus hijos amados. Y aún más impresionante es experimentar a otra persona ver nuestra belleza. Nunca se olvida esta sensación de ser absolutamente bellos y ser amados hasta el extremo. Son momentos que marcan. Ojalá encontremos en nuestra vida personas que sepan ver nuestra gloria. Y ojalá aprendamos mirar a los demás de tal manera que les haga descubrir su belleza.
Mateo 17,1-9
Aleksandra Nawrocka

Pocas veces me he sentido amado hasta el extremo pero es una experiencia que cambió mi vida
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