Se habla mucho de lo maravilloso que es Jesús con las mujeres, de cómo en cada una reconoce su dignidad, de cómo a cada una mira con amor etc. Bueno, parece que no a todas. Hay una con la que ni siquiera quiere hablar, una a la que llama "perra" porque no es de los suyos, de su pueblo. Y justo ayer hablé con mi hermano de qué difícil es vivir en un país que no es tuyo, ser siempre un "outsider", no pertenecer plenamente. Parece que todos tenemos estándares dobles de comportamiento con los nuestros y con los de fuera. Para los suyos, Jesús multiplica panes. Para los "otros" sólo unas migajas que caen sin querer. ¿Es también nuestra actitud así? ¿Sigue Dios amando sólo a los suyos? ¿Tiene su amor preferencias? Hoy pido por todos los que se sientes abandonados por Dios y por la comunidad. Que con su valentía y lucha por inclusión hagan al mundo cambiar.
Mt 15, 21-2
Aleksandra Nawrocka

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