HIJOS DE DIOS EN LA SOCIEDAD

A veces tenemos tentación de escapar del mundo, de sus responsabilidades, de las consecuencias de vivir en una sociedad. Tener que ir a trabajar, tener que pagar los impuestos, tener que ser amables con los vecinos, tener que contribuir en la comunidad, parroquia, oficina... son otras tantas cargas con las que cargamos a diario. Y así es como tiene que ser. Por muy hijo de Dios que uno se vea y sienta, vivimos en el mundo y tenemos responsabilidades con la sociedad, con nuestros vecinos, con la familia. Y nuestro esfuerzo de cada día, por duro que sea, tiene que beneficiar a todos, no sólo a nosotros mismos. Los cristianos no creamos una sociedad aparte, paralela y alternativa. Eso es de sectas. Nosotros vivimos insertos en la única sociedad que existe cambiando el mundo desde dentro con el amor y cuidado que le damos.

Mt 17, 22-27

Aleksandra Nawrocka


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