Leo hoy la historia del encuentro de Jesús con Marta, y francamente siento bastante rabia y tristeza. Las siento por ella y por tantas mujeres que no son apreciadas en nuestra sociedad, en nuestras familias, en nuestras comunidades. Marta es una mujer emprendedora, capaz de mucho, primera en servir, y sin embargo parece que nunca es suficiente. Porque no es María. Marta es la primera que pronuncia su fe firme en Jesús, con las mismas palabras que la pronunció Pedro y su hermana María, y... nada. No pasa nada. Ni un elogio por parte de Jesús. Marta ama a Jesús a su manera. Marta es a su manera. Esa es su única falta: que no es como su hermana. No sé el porqué de la actitud de Jesús. Quizás alguien más sabio lo sabría explicar. Hoy sólo siento muy adentro el rechazo que ella experimentó en su vida y durante toda la historia de la Iglesia. Y pido a Dios que me dé ojos para ver a las mujeres cerca de mí que sienten lo mismo, que sienten que nunca son suficientemente buenas, y que pueda decirles: "Te veo, te aprecio, te amo".
Juan 11, 19-27
Aleksandra Nawrocka

Yo me siento Marta .
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