Cuando más pensamos que lo tenemos todo bajo control, menos en realidad lo tenemos controlado. Una tormenta, un poco de viento más fuerte, y todas nuestras seguridades se desvanecen. Pensamos poder andar sobre las aguas pero nos hundimos en la primera ola que pase. Salimos del barco, de nuestras zonas del comfort, para ir hacia Jesús pero sólo buenas ganas no son suficientes. La poca fe que teníamos tampoco pudo contra las fuerzas de naturaleza. Porque hay tormentas en vida por las que se pasa sólo siguiendo confiando contra toda esperanza, con los ojos puestos en la razón profunda de nuestro caminar, pese a todo que pueda estar pasando a nuestro alrededor.
Mateo 14, 22-36
Aleksandra Nawrocka

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