Hoy en la Iglesia celebramos la Asunción de María, la exaltación de María por encima de todo lo creado. Pero para mí, María es una mujer con los pies bien firmes en la tierra. María es bien consciente de los dolores de su pueblo, le es más cercana la condición humilde de paisana, de madre de familia que cada día tiene que hacer los milagros para dar de comer a los de su casa, de vecina que participa en la alegrías y tristezas de los de cerca de ella. Su canto de Magnificat es un canto de humildad y de confianza extrema de que Dios tiene misericordia de los suyos. De que Dios todo lo puede. Con sus pies manchadas de polvo y barro de los caminos de la gente sencilla, María sigue caminando con nosotros.
Lc 1, 39-56
Aleksandra Nawrocka

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