Los primeros encuentros son cruciales en cualquier relación. La impresión que otra persona nos produce en los primeros momentos de alguna manera marcará el futuro se esta relación. Es incluso más fuerte que los prejuicios que podamos tener de antemano. Gente a la que nunca nos hubiéramos acercado o hablado, después de dos primeras frases empiezan a ser personas que cambian nuestra vida. Pero es importante que demos a los demás la oportunidad de tener al menos esas primeras dos frases. Natanael pudo insistir en no hablar con un Maestro venido de Nazaret, sus prejuicios podrían haber sido más fuertes que sus ganas de venir y ver. Y su vida sería totalmente distinta. Lo pienso hoy en frente de la difícil situación migratoria en Europa. De los media de comunicación social recibimos imágenes de los migrantes que forman nuestros estereotipos y prejuicios. ¿Puede algo bueno venir de ellos, los de África, los Árabes, los Ucranianos? Dejemos que todos, independientemente de dónde vienen, se acerquen a nosotros. Démosles al menos una oportunidad de hablar, conocer, expresar. Y nuestra vida también podrá ser distinta.
Jn 1, 45-51
Aleksandra Nawrocka

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