Siempre habrá el bien y el mal en el mundo creciendo juntos. Cuando ambas, la bondad y la maldad, son pequeñas, pocas, no se distinguen. Sólo cuando se hacen más grandes, se puede ver claramente cuál es cuál. Creo se podría decir que este estado de no poder distinguir es bastante parecido a la indiferencia. Es cuando sí somos buenos, por lo general, pero nos da igual lo que pasa a nuestro alrededor. No sacamos la bondad que hay en nosotros. Entonces da igual si somos buenos o malos, el efecto es el mismo. Tenemos la tarea de hacer crecer y brillar la bondad que llevamos dentro. Si no lo hacemos, no hay diferencia entre los buenos y los malos.
Mateo 13, 36-43
Aleksandra Nawrocka

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