Todos necesitamos sentirnos importantes para alguien. Aunque sea sólo una persona en mundo entero, la necesitamos. Hay dos maneras de hacerse indispensable para otra persona. Una es "hacerse su esclavo", quiere decir, ofrecer a otra persona todo lo que ella necesita, hacer que casi dependa de nosotros, hacer que nuestro mundo gire a su alrededor. Y dentro de poco, aquella otra persona se convertirá en un esclavo, totalmente dependiente de la atención que le damos. Otra manera es "hacerse su amigo". Es mucho más arriesgado porque amistad se basa en la aceptación de la elecciones y de la libertad de otra persona, significa darnos a nosotros mismos esperando y confiando en que vamos a ser acogidos. Pero esa relación, en vez de esclavizar, libera. No seamos esclavos. Seamos amigos.
Mateo 20, 20-28
Aleksandra Nawrocka

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