Creo que es importante en algún momento de vida definir nuestro lugar, nuestra misión en el mundo. Es como definir nuestra posición vital que da dirección y sentido a todo lo que hacemos, lo que pretendemos alcanzar con nuestra existencia. A veces lo que descubrimos como nuestro les queda grande a las personas a nuestro alrededor. Nos conocen desde otros ángulos, se sorprenden cuando nuestra vida va tomando rumbos inesperados. Y son decisiones difíciles de dejar "lo de siempre", lo acostumbrado, y seguir nuestro propio destino. Ojalá tengamos valentía necesaria para hacerlo cada vez que sea necesario...
Lc 4, 16-30
ALEKSANDRA NAWROCKA

Cuesta muchísimo cambiar el rumbo cuando se está acostumbrado a las comodidades
ResponderEliminar