Cuando hacemos algo que no está bien, tendemos a esconderlo. Lo tenemos así ya desde los tiempos de Adán y Eva. El pecado se siente más cómodo en lo escondido, en lo secreto. Pero cuánto más esfuerzo hacemos para esconderlo, menos natural actuamos. El pecado de alguna manera nos quita la capacidad de ser nosotros mismos, de expresarnos libremente, de mantenernos fieles a nuestra verdad más profunda. No nos deja actuar libremente. Nos paraliza. Pero hay una Buena Noticia: Jesús tiene poder de devolvernos a nosotros mismos, de liberarnos de la parálisis. En él podemos ser libremente quienes somos, sin necesidad de esconder nada, de pretender nada. Ánimo. Puedes ser tú mismo, tú misma. Puedes levantar tu cabeza en alto y caminar libre porque él tiene poder de quitar todo tu pecado y su parálisis.
Mateo 9,1-8
Aleksandra Nawrocka

El ser humano es capaz de tropezar muchas veces en la misma piedra sin acordarse del dolor que produce. El pecado es esclavitud y dolor en lo más profundo del alma. El sacramento del perdón y la, reconciliación son las cizallas que nos permiten liberarnos de las cadenas que nos esclavizan y endurecen nuestra alma y corazón.
ResponderEliminarGracias muy bueno... el pecado nos quita la belleza que tenemos
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