POR LAS QUE LO PERDIERON TODO

Ayer fue el día más duro de mi vida. Ayer perdí a un ser querido. Lo vi morir. Y se me partió el alma. Vengo a su sepulcro para llorar. ¿Qué más me queda? Siento que mi vida acabó junto con la suya. ¡Cuánto daría por poder darle un abrazo más...¡ Pero ni siquiera su cuerpo está aquí. Me han quitado todo: su presencia, su vida, incluso su cuerpo. Desapareció por completo, como si nunca existiera. Intenté pedir ayuda para buscarlo, para encontrar al menos su cuerpo, pero es tan difícil que te escuchen cuando eres una mujer. ¡Qué agonía! Sin embrago... algo en mí me dice que esto no acaba aquí. Un recuerdo... un susurro... el sonido de mi nombre en el susurro del viento (tal como lo solía pronunciar él)... Algo me dice que él vive, que va a la casa del Padre y que allí lo encontraré de nuevo. Y que también para mí hay esperanza, hay vida. Que aún me queda algo por hacer en este mundo y es decirle a todos que la muerte no tiene la última palabra. Que la vida triunfa y nadie la puede detener.

Juan 20, 1-2. 11-18

Aleksandra Nawrocka


Comentarios

  1. Muy cierto, muchas veces no valoramos a las personas cuando están vivas.. no les decimos que las queremos, no las abrazamos como quisiéramos

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